La gran ilusión (IV): Los festivales peruanos

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Cavalo Dinheiro (Pedro Costa, 2014)

En pocos días se inició (y terminó) un debate fallido iniciado por el crítico León Frías, intentando responder a distintos cuestionamientos que surgieron desde distintas voces, como este blog. El cuestionamiento a la cartelera comercial o a los publicistas disfrazados de críticos se convirtió, para León Frías, en una lucha de gustos, de defensores de todo tipo de cine versus snobs que solo gustan de lo experimental, y de ahí se agarró justamente la prensa más complaciente para cerrar el debate fallido: los gustos son gustos y punto. El debate terminó como un debate de esquina, donde todos hablaron pero nadie se entendió.

En fin, una semana algo inútil. Aquí seguimos con un repaso de lo que fue este 2015 en el medio cinematográfico.

*

He escrito algunas reflexiones sobre la pálida cartelera local. Contra la opinión de León Frías al post anterior (básicamente piensa que exigir una buena cartelera es pedir peras al olmo, que no va a cambiar, etc.), yo creo que se pueden encontrar modos de presionar para que lleguen títulos más interesantes a los cines peruanos. Incluso, “presionar” no sería el verbo adecuado, ya que en mi experiencia, más de una vez he sido consultado por los responsables de un cine (UVK Larcomar) sobre qué películas creía yo que ellos podían mostrar ellos en su Cine Arte. El tema es encontrar un modo que beneficie a todos: cineastas, productoras, distribuidores, exhibidores y público. Difícil, pero no lo veo imposible. 

Pero dejemos de momento la cartelera comercial y vamos a los eventos indispensables para todo cinéfilo: los festivales de cine. Hablo del cinéfilo que me interesa, el cinéfilo que rastrea en webs y blogs por nuevos títulos, el cinéfilo cuya emoción no se limita a la última película de directores ya conocidos sino que investiga y entra a una sala por el puro placer de ser sorprendido con obras y autores inesperados.

En Lima (lamentablemente no en Perú), si uno de verdad quiere ver buen cine, tiene al menos una decena de festivales, muestras, ciclos especiales y más a lo largo del año. Y la mayoría tiene invitados internacionales, la mayoría tiene películas que ni siquiera Polvos Azules o los torrents tienen, la mayoría son punto de encuentro de gente entusiasta y alegre que tiene el honor de ver películas que a veces no han sido estrenadas en grandes ciudades de Europa, Asia o Sudamérica.

Lima, por ejemplo, tiene actividades de lujo. Con pocas semanas de diferencia dos directores que ya son historia del cine pisaron la ciudad: Pedro Costa, como invitado central del Festival Lima Independiente, y Werner Herzog, como invitado del Festival de Lima. Hace pocas semanas estuvo el colombiano Luis Ospina como invitado central del festival Transcinema. Y, entre los tres festivales, se podría hacer una lista de 40 grandes títulos, muy superiores a cualquier lista de cine comercial publicada.

Por citar solo algunos títulos destacados que se estrenaron en Lima Independiente, donde participé en el equipo de programación:

  1. Cavalo Dinheiro, de Pedro Costa
  2. Homeland, de Abbas Fahdel
  3. Belluscone. Una storia siciliana, de Franco Maresco
  4. Things of the Aimless Wanderer, de Kivu Ruhorahoza
  5. Una juventud alemana, de Jean-Gabriel Périot
  6. A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence, de Roy Andersson
  7. The Reaper, de Zvonimir Juric
  8. João Bénard da Costa, outros amarão as coisas que eu amei, de Manuel Mozos
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A German Youth (Jean-Gabriel Périot, 2015) Mejor Ópera Prima Lima Independiente 2015

Sin embargo, más de un lector se preguntará: “¿Cómo es que no me enteré, cómo es que me las perdí, cómo nadie me avisó?”

Esto puede tener varias respuestas:

1. Los festivales

La primera responsabilidad es de los festivales. Festivales jóvenes como Lima Independiente o Transcinema cuentan con recursos limitados, y eso incluye una convocatoria limitada. Si bien se van asentando con cada edición, son eventos hechos por equipos pequeños, con recursos escasos y arañando cualquier ayuda posible para sacar adelante diez o doce días de buen cine, días que incluyen proyecciones, charlas magistrales, encuentros con el público, talleres y más. A veces, tan pocas manos para tantas actividades hacen que un objetivo fundamental se pierda de vista: lograr que el público asista a las funciones.

¿A qué me refiero? He visto salas repletas en Lima Independiente. Ojalá cada año se mantenga así. Pero existen también funciones con menos espectadores de lo esperado. Esto pasa en todos los festivales, incluido el Festival de Lima PUCP. Y es labor esencial de un festival preguntarse qué falla en esos casos.

Para mí, una solución a estos problemas pasa por concentrar esfuerzos. La bendición de Lima de tener tres festivales fascinantes (cuatro, si contamos Al Este de Lima) resulta a veces un problema. Y no me refiero a un calendario apretado ni a un posible hastío del espectador. Creo que los cinéfilos son agradecidos con todo lo que reciben. El problema quizás está entre las propias organizaciones, donde se cree que el mejor festival es aquel que cuenta con más y más películas, con más y más secciones. Cada festival arroja cien o doscientos títulos nuevos que la ciudad debe descubrir. ¿Hay cuatrocientas/quinientas películas que valgan la pena en el mundo cada año? ¿Hay espectadores en una ciudad para todo ello?

Quizás sí. O quizás haya que pensar menos en la cantidad, menos en ganarle en números al otro festival. Quizás haya que pensar más en reducir números, en concentrar esfuerzos, en mejorar la organización, en evitar fallos y en atraer más y mejores espectadores. Quizás haya que reflexionar más sobre estos puntos en lugar de estar pendientes de los comentarios foráneos, de los elogios en las redes sociales, donde todo parece fantástico desde fuera, pero al llegar el momento de las proyecciones resulta que el impacto local es deprimente.

Como programador,siempre me he preguntado si sirve de algo pelear con otro festival local por un estreno, conseguirlo, y que a la función vayan diez personas. O menos.

 

2. El silencio de cierta prensa especializada

Como indiqué, festivales como Lima Independiente o Transcinema no tienen la llegada o la convocatoria que pueda tener el festival de Lima, por ejemplo. Y es normal: no tienen ni la décima parte de recursos que tiene el festival apoyado por la PUCP. Ni siquiera la vigésima. Y aunque tanto Lima Independiente como Transcinema son festivales con un criterio definido, apostando por un cine feroz, vibrante, renovador (y sin perder de vista a grandes maestros), ante cierto público no pasan de ser eventos casi secundarios. O, como los suelen llamar, “festivales alternativos”.

¿Qué significa eso de “alternativo”? Simplemente que para cierta prensa ya existe un festival “oficial”.

Por poner un ejemplo: el balance del año escrito por el crítico Federico de Cárdenas y publicado en La República, balance donde se menciona a los jóvenes festivales casi con pesar, de pasada. Un crítico que a pesar de estar acreditado en Transcinema y de haber asistido a varias funciones, solo habla de dicho festival en esa mención que no llega a ocupar una línea. Pero no es un caso aislado. Para la mayoría de críticos, los festivales apenas sirven para hacer listas de fin de año. Las coberturas brillan por su ausencia antes y durante estos eventos. Y eso es porque, básicamente, la mayoría de críticos brillan por su ausencia en las salas.

¿Por qué pasa eso? Hace pocas semanas, un lector “Alberto” se quejaba en el blog de Ricardo Bedoya por los horarios y las sedes de Transcinema. Su reclamo se resumía en que de nada servía poner grandes películas si nadie podía ir a verlas. Como ejemplo de festival serio ponía al festival de la PUCP, donde todos sabemos que nunca hubo problemas ni retrasos, menos en sus primeros años, nunca jamás.

Sí, es cierto que cada festival tiene sus problemas y sus limitaciones. Pero eso no justifica la actitud del amigo Alberto, actitud de persona perezosa y fastidiada ante la nueva edición de un festival. En comentarios así, hay poco de cinefilia y más de fastidio contra estos nuevos eventos. Como si, de cierto modo, el fastidio que expresó Edgar Saba en su momento por el crecimiento de Lima Independiente hubiera colado en no pocas personas. Esa sensación de “quiénes son estos”, “qué se han creído”, sensación que de cuando en cuando aparece camuflada bajo otras apariencias.

Balance del año en la revista Somos. Si los festivales de Lima apenas son mencionados, los de provincia ya ni existen:

*

En todo caso, felizmente hay espectadores más jóvenes y entusiastas que asisten a estos festivales con alegría y comprensión. Para ellos, la existencia de distintos festivales es un lujo. También surgen nuevas fórmulas, como la intentada entre Lima Independiente y la Universidad de Lima este año. Quedará en la historia de la cinefilia local que en una velada única, doscientas personas disfrutaron de una sesión doble con la ganadora del León de Venecia (A Pigeon Sat On a Branch… de Roy Andersson), la ganadora del Oso de Oro (Taxi, de Panahi), y en medio O Velho do Restelo de Manoel de Oliveira. Estos ensayos se agradecen, tanto al festival, como a la universidad. Principalmente a los dos impulsores del acuerdo: Ricardo y Rodrigo Bedoya. A ellos, las gracias.

Nuevos espectadores, nuevos festivales, nuevos cineastas. Para los que queremos el cine, estas novedades son motivo de alegría y no de fastidio. Los caminos de este cine peruano que se viene renovando son largos y es mejor recorrerlos con discusiones francas y abiertas. 

 

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